Over the past month and a half we've been absolutely amazed, but also saddened at times, by our experiences in the Amazon jungle of Peru, Colombia, and Brazil. We've heard all our lives about the rich diversity of plants and animals living in the South American rainforests, but witnessing the realities in person has been astonishing. It's such a fun experience exploring the markets near the jungles and discovering countless fruits we never knew existed or traveling through protected forest and spotting nine species of monkeys or six types of macaws within just a few days. On the other hand, witnessing the unfortunate realities about our destruction of these precious natural places has disheartened us as well.
| Tambopata |
| Rainbow Mountain |
| Virgen of Carmen festival in Pisaq |
In Peru, some of our favourite animals to watch were colourful giant macaws, toucans, many types of parrots and parakeets, nine types of monkeys, giant and river otters, two species of deer, several serpents including a coral snake, and a tayra. We were also amazed by the diversity of plant life. For example, we learned that even in the small reserve of Tambopata there are around 10,000 different species of plants! We enjoyed learning about some of their medicinal properties and trying many new fruits like cocona, camu camu, aguaje, ungarahui, arazá, caimito, and many others.
In Manu, we were in awe of the national park's sprawling size (almost the same square kilometers as the entire country of El Salvador!) and its wildness. It took us four full days of travel from Cusco, by bus and then boat, to reach the farthest allowable point inside Manu—Pakitza—and another four days to return. We were amazed to learn that un-contacted groups of people still live hunting and gathering in nomadic groups within Manu! Several locals told us stories of spotting some of these people or evidence such as footprints. However, very little is known about these nomadic tribes since not even park rangers or scientists are allowed to enter the majority of the park. Only a small fraction is open to visitors, leaving thousands of square kilometers for animals and humans to live without disturbances. We were so impressed by Peru's preservation of this unique natural area.
A more recent issue is also the fact that one group of "un-contacted" people within Manu has been initiating more interaction with a modern village on the other side of the river (they don't know how to swim) after having been provided with clothing and bananas. No one knows the best way to approach this unique situation. Other groups within the Amazon have died shortly after contact from modern infectious diseases. Increasing contact could help these people in the short term, but will it force them to lose their traditional way of life? Which way of life is more desirable? It is certainly not clear.
In Colombia and Brazil, we saw similar trends. Outside of a few preserved areas where nature thrives, humans are taking over almost everything, using land for farms and extracting wood, minerals, and petroleum. Unfortunately, even protected areas cannot be sufficiently policed to prevent illegal activities that occur within their boundaries like narcotrafficking and poaching. Tragically, when the people engaging in these activities in Brazil come in conflict with nomadic groups, the odds are always in favour of those with modern weapons.
Nevertheless, fortunately, pockets of preserved wild nature still persist. When we visited Mamirauá Reserve in Brazil, it was literally a page from Julie's book of dreams to see the stunning red-faced uakari monkeys. We were fortunate to see three groups of the rare primates, one group of which we watched for a full hour. We also saw many groups of river dolphins (both pink and grey ones) as well as several sloths and countless types of birds.
One movie that has come to our minds over the past weeks is Avatar. After witnessing the incredible beauties of the Amazon and its simultaneous exploitation, Avatar seems like a very accurate metaphor. We hope that we as humanity will be able to save what we have left of our precious natural areas and the incredible wildlife they support.
En la selva amazónica
Durante el último mes y medio hemos quedado absolutamente fascinados, así como a la vez tristes, durante nuestras experiencias en la selva amazónica de Perú, Colombia y Brasil. Habíamos oído todas nuestras vidas acerca de la biodiversidad animal y vegetal de especies en la selva sudamericana, pero presenciar esta realidad en persona ha sido fascinante. Ha sido también divertido explorar los mercados próximos a la selva para descubrir un sinfín de frutas que nunca antes habíamos sabido de su existencia, así como ser capaces en tan solo unos pocos días en zonas protegidas de avistar hasta nueve especies diferentes de monos o seis especies de guacamayos. Por otro lado, presenciar la desafortunada realidad acerca de la destrucción de los pocos espacios naturales que nos quedan hacen que uno quede profundamente abatido.
Durante nuestros días recorriendo la selva peruana, hemos visitado la reserva natural de Tambopata, así como también hemos tenido el gran privilegio de llegar hasta Pakitza. El lejano, poco frecuentado y último punto permitido de la zona reservada de Manu. A su vez hemos visitado también ciudades como Puerto Maldonado y la caótica y embarrada población de Iquitos. Y revisitado de nuevo la ciudad de Cusco para ir a la Montaña Arco Iris que no habíamos podido visitar en nuestro ultimo viaje a esta zona, así como poder disfrutar del fascinante e intenso festival de la virgen del Carmen en pequeños pueblos como Pisaq y Paurcartambo.
En Perú hemos disfrutado avistando animales como los coloridos guacamayos y tucanes, muchísimos tipos de loros y cotorras, nueve especies de monos diferentes, nutrias de rio y la nutria gigante del Amazonas, dos especies de ciervos y caimanes, la tayra, así como de diferentes especies de serpientes, incluyendo la mortal serpiente coral. Hemos quedado fascinados también con la diversidad de especies vegetales. Por ejemplo tan solo en la pequeña reserva de Tambopata existen más de 10.000 especies de plantas! También hemos disfrutado mucho aprendiendo acerca de las propiedades de muchas de ellas, así como probando nuevas frutas como cocona, camu camu, aguaje, ungarahui, arazá, caimito y muchas otras más.
En Manu, quedamos impresionados con el inmenso territorio preservado que comprende el parque Nacional (casi con las mismas hectáreas de un país como El Salvador). En donde todavía quedan grupos de personas nómadas no contactados que viven de la caza y la recolección como lo hacían sus ancestros! Varias personas locales nos contaron las historias de cómo alguna vez los habían conseguido observar directamente o habían visto signos de su presencia. Sin embargo muy poco se conoce acerca de ellos ya que ni los mismos forestales, así como ningún científico puede ingresar en la totalidad del territorio preservado. Tanto los científicos como los turistas solos podemos llegar hasta cierto punto de la reserva, manteniendo así totalmente virgen y sin molestias el resto del territorio para las tribus no contactadas que lo habitan así como para la fauna salvaje. Quedamos gratamente fascinados por este territorio único que Perú preserva con ahínco.
A pesar de ello, durante las últimas semanas de nuestra incursión en la parte selvática amazónica desafortunadamente también hemos apreciado las despiadadas reducciones de la selva con inmersos terrenos abrasados por el fuego, así como ocupados por ganado vacuno. Las poblaciones y fincas continuamente avanzan de manera constante incursionándose dentro de la selva substrayendo madera para las construcciones y animales salvajes para su consumo. Hablando con gente local hemos evidenciado, así como visto directamente que pocas especies de animales quedan a salvo de ser plato culinario, incluyendo caimanes, tortugas, capibaras, armadillos, pacas, así como animales en mayor peligro por su escasez como monos, tapires o incluso pumas y ocelotes.
Desafortunadamente de manera demasiado habitual incluso hay algunas de las tribus de no contactados, que se acercan a las orillas opuestas del río de pequeños asentamientos limítrofes como Diamante reclamando atención y queriendo contactar (ellos no saben nadar). Y a pesar de ser un arma de doble filo muy peligrosa, de manera frecuente se les ha facilitado algunas ropas, así como bananas e incluso machetes. Nadie sabe cuál es la mejor manera de actuar, ya que otras tribus en el Amazonas previamente justo después del primer contacto han muerto a causa de las enfermedades modernas. A corto plazo el contacto puede parecer una ayuda, pero a la larga se les hace perder totalmente su modo ancestral de vida tradicional. ¿Que vida es mejor? ¿Quién es más feliz? Ciertamente es difícil de responder.
En Colombia y Brasil, hemos visto una tendencia similar. Fuera de las áreas preservadas en donde la naturaleza abunda por doquier, los humanos lo han substraído prácticamente todo quedando territorios enormes literalmente devastados ya sea para el uso de explotaciones ganaderas, por empresas madereras, extracciones de minerales o por la culpa del propio petróleo. Pero incluso las áreas fuertemente protegidas no quedan a salvo de actividades ilegales relacionadas con el omnipresente narcotrafico, así como la caza furtiva. Trágicamente allá en donde estas actividades entran en conflicto con grupos de indígenas nómadas, la balanza siempre juega por desgracia a favor de los que llevan armas de fuego modernas.
A pesar de ello hemos seguido disfrutando de algunas áreas tranquilas como de la Reserva de Mamirauá en pleno corazón brasileño donde el ecosistema de selva inundada alberga una gran cantidad de aves y fauna salvaje. Allí tuvimos la gran suerte de avistar durante una hora entera a un gran grupo de uacaris de cara roja, unos primates que están también por desgracia en grave peligro de extinción. Quedando así cumplido un sueño muy antiguo que Julie tenía de ver a esta maravillosa especie en su medio natural. También hemos visto muchos grupos de delfines de agua dulce rosados y grises asi como muchos perezosos y muchos types de aves.
Una película que ha vuelto repetidamente a nuestras mentes durante las últimas semanas ha sido Avatar. Después de admirar los bellos parajes que la cuenca amazónica alberga, así como su simultánea explotación, la película Avatar es una auténtica metáfora de lo que ocurre en nuestros días. Esperemos que la humanidad sea capaz de salvar a tiempo lo que nos queda todavía de preciadas áreas naturales, así como la increíble diversidad de especies salvajes que albergan estos espacios.


